Pues sí…lo conseguí…me salió la tarta que desde hace unas semanas rondaba por mi mente hacerle a mi peque para celebrar su segundo cumpleaños…

La tarta arcoiris…o la tarta de la felicidad, como había leído por ahí también…

¿Quién dice que el invierno tiene que ser una estación triste y gris?…¿Por qué no podemos ponerle un poco de color?…Nosotros lo hicimos!!!

En primer lugar, decoramos un poco la casa con unos pompones de los colores del arcoiris, tengo que practicar un poco más haciéndolos, ya que no me salieron muy redondos, pero para ser la primera vez tampoco están tan mal ¿verdad?

Pusimos vasitos de colores, servilletas de colores, cubiertos de colores…Y el broche final lo puso la tarta…

Por internet hay varias recetas de esta tarta, yo seguí el paso a paso de las recetitas de mirasens (http://lasrecetitas.blogspot.de/2011/07/rainbow-cake-o-tarta-arcoiris.html), lo único que cambié fue el relleno y la cobertura.

Leyendo sobre sobre las tartas de pisos (se las conocen como “layer cakes”), lei que es mejor hacer el bizcocho un día antes al menos para que la miga se asiente. Si vemos que andamos justos de tiempo, podemos incluso congelar los bizcochos y sacarlos el día que los vayamos a decorar. Al llevar “buttermilk”, que es una especie de suero de leche y se consigue echando a la leche una cucharada de limón o de vinagre, hace que el bizcocho esté muy esponjoso, incluso después de haberlo congelado.

Pues al lío…Como ya he dicho, llevaba varias semanas decidida a hacer esta tarta.

En mi búsqueda de la receta que mejor se adaptara a mi, leí que si no tienes los moldes de 18 cm, podíamos usar los deshechables del mercadona. El siguiente paso fue comprar los colorantes. Y con esto y el resto de los ingredientes nos pusimos manos a la obra.

Lo primero que hice fue hacer la masa siguiendo la receta de Mirasens. Una vez hecha, dividí la masa en partes iguales sobre cada uno de los moldes. Para que todos los moldes tuvieran la misma cantidad de masa, usé una cuchara de helado.

Una vez acabada la masa, empecé a colorearla…Es increíble cómo con una gotita pequeña se puede teñir la masa con tanta facilidad…Es lo que tiene los buenos productos 😉

Me encantó cómo iban apareciendo el rojo, el amarillo, el naranja, el azul…El color verde fue muy oscuro porque usé el mismo colorante que utilicé para hacer las cupcakes de árbol de navidad. En mi lista está el comprar un verde más claro o hacer la prueba mezclando el amarillo con el azul. El color lila tampoco me gustó mucho, quedó muy apagado, y es que mezclé el azul con el rojo. Así que lo añado a la lista también.

En mi horno sólo caben dos moldes a la vez, así que tuve que hornear los bizcochos en 3 tandas. Lo bueno de tener una masa tan fina, es que en 10 minutos están horneados, así que no se tarda mucho tiempo. Y si encima tienes al lado un pequeño ayudante, pues se tarda menos 😉

Siguiendo los consejos de Bea (sí, una vez más http://www.elrincondebea.com/), una vez fríos los bizcochos, los envolví en papel film y los guardé en la nevera hasta el día siguiente.

Para el relleno y la cobertura, cualquier opción es válida, pero este tipo de tarta creo que luce más si usamos un relleno blanco, como crema de queso, nata o ganache de chocolate, que es lo que hice yo.

Para ello, calenté 300 ml de nata y antes de empezar a hervir le añadí 600 gm de chocolate blanco cortado en trocitos pequeños. Lo vamos moviendo hasta que el chocolate se haya fundido y lo dejamos enfriar. Podemos usar la ganache así tal cuál, o batirla para que quede más suave. Una vez monté la tarta con el relleno, la guardé una hora en la nevera para que se asentara bien, y después pasé a cubrirla.

Tengo que practicar más con esta cobetura, ya que se endurecía muy rápidamente y no lo podía extender bien, por eso no quedó tan lisa como era mi intención. Pero la práctica hace la perfección, así que seguiré practicando.

Una vez cubierta la tarta, empecé a decorarla. La tarta en sí es bonita sin ningún adorno, ya que lo original está en su interior…pero como era una fiesta infantil, lo decoré con fideos de chocolate y bolitas de chocolate de colores.

Y el momento esperado llegó…cantamos cumpleaños feliz, Carlos apagó sus velitas y tocó la hora de comprobar si la tarta había salido bien!…Y ¡sorpresa!…la tarta quedó perfecta por dentro!! Los invitados, tanto grandes como pequeños, quedaron sorprendidos, no se imaginaban lo que esa tarta de chocolate blanco guardaba en su interior.

Mi miedo al poner tantas capas de chocolate blanco es que resultara empalagosa al paladar…pero para nada, ya que este tipo de tartas es para tomarlas en porciones pequeñas. Como el relleno entre bizcocho y bizcocho era tan fino, no resultaba pesado. A todos les encantó la tarta, incluso hubo algún que otro invitado que repitió.

Y como no estaba segura de si la tarta iba a gustar o no, mi madre hizo su ya famoso bizcocho de yogur y chocolate milka…La mayoría apostó por probar de las dos tartas, se nota que somos golosos!

Os animo a hacer la tarta arcoiris, os aseguro que parece mucho más laboriosa de lo que realmente es…y el resultado se puede resumir en una frase: homenaje a los sentidos de la vista y el gusto.

¡¡Feliz cumpleaños peque!!

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